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El año en que Hitler ganó las elecciones

Il porco

¡Oíd, norteamericanos!

USA Jan 20, 2026

Historia de José Antonio Carrillo Morente • 6 minutos de lectura

Viceconsejero de Planificación Estratégica, dependiente de la Vicepresidencia Primera del Gobierno de Castilla-La Mancha.

El año en que Hitler ganó las elecciones, allá por 1933, Thomas Mann, el escritor alemán autor de La montaña mágica, tuvo, al igual que otros intelectuales como el austriaco Zweig, que abandonar su país acosado por los nazis. Después, en 1939 vino el inicio del mayor conflicto bélico de nuestra Historia, la Segunda Guerra Mundial (Mann dice que, en verdad, fue en el momento en que Hitler accedió al poder).

¡Oíd, norteamericanos!

¡Oíd, norteamericanos!

La BBC dio a Mann la oportunidad de desarrollar periódicamente una serie de emisiones radiofónicas destinadas a los ciudadanos alemanes con el ánimo de concienciar a éstos (con notorias referencias a modelos opuestos, como el norteamericano) de la perversidad de los postulados del nacionalsocialismo de Hitler y de los efectos devastadores que éstos, materializados en forma de conflicto armado con el resto de la humanidad, traerían al conjunto del mundo.

Dichas alocuciones, desarrolladas durante los años 1940 a 1945, siempre comenzaban por un provocativo "¡Oíd, alemanes!", que pretendía sacar a los ciudadanos germanos de un profundo letargo político y social que, como un mal sueño, era dominado por el escenario de una guerra infame y cruel.

Hoy, con los ataques, primero de Putin, luego de Netanyahu, y finalmente del sátrapa de Trump, nos encontramos nuevamente con esa "humanidad defectuosa" a la que se refirió Mann en sus discursos frente a Hitler y el nacionalsocialismo.

Si nos centramos en lo que nos llega estos días desde Estados Unidos, este país ha iniciado un vertiginoso descenso a los infiernos. Baste remontarse al asalto al Capitolio de 2021 para ver la barrena esquizofrénica en que ha entrado la primera potencia mundial.

Sus desvaríos, que son los de Trump, se centran no sólo en el escenario internacional (hoy amenazando a un aliado como Dinamarca sin cárteles de la droga), sino en el estado de sitio que se vive en el propio territorio americano, cargado de escenas de severa tensión y violencia en sus calles; un escenario que debería avergonzar a cualquier presidente de un estado democrático y que tuvo uno de sus más lamentables puntos álgidos en la muerte de una mujer en Minneapolis el pasado 7 de enero a manos de agentes del ICE (United States Immigration and Customs Enforcement), una Agencia dependiente del Estado Federal a la que muchos tildan ya como una "fuerza policial paramilitar en crecimiento".

Hay quien, como el diputado Gabriel Rufián en nuestro Parlamento, tiene la claridad para decir que EE.UU., en aras a sus exclusivos intereses políticos y económicos, lleva cerca de ochenta años haciendo lo mismo que ha hecho en Venezuela en escenarios como Vietnam, Panamá o Irak. Ahora le ha tocado Venezuela por su petróleo, y después serán por los recursos naturales de Groenlandia o de cualquier otro territorio del planeta.

La diferencia es que Trump no solo ha terminado por expresar sus lujuriosas ambiciones sin rubor ni cortapisa alguna, sino que además se permite la frivolidad de retransmitir sus acciones al mundo a modo de un vergonzante "show de Truman"; y todo esto se está consintiendo sin más.

El Papa León XIV lo ha denotado recientemente en su exhortación Dilexit te. Te he amado: "Es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya cerrando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas de nobles reivindicaciones".

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No es esta la humanidad defectuosa a la que aludía Mann, es peor, es "la antihumanidad", la perversión del hombre, el despotismo más violento, excluyente, cruel y salvaje que desprecia a todos aquellos a quienes considera inferiores. El presidente de EEUU es un xenófobo y un aporófobo que se considera jefe de un país que es superior al resto ("Basura de países de mierda" llego a llamar Trump a los migrantes de países africanos); igual que Hitler el pasado siglo consideraba a la alemana una raza aria superior y asesinó a millones de judíos, gitanos y miembros de otras etnias.

Ni Hitler creía ni Trump cree en la igualdad entre los hombres ni en el respeto entre los Estados y al Derecho; ambos consideran "no iguales" -inferiores- a los miembros del resto de una Humanidad a la que pretenden someter por su fuerza y sinrazón ("venceréis, pero no convenceréis", que dijo Unamuno a los golpistas españoles del 36).

Como señala Mely Kiyak en su prólogo a la edición española de ¡Oíd, alemanes!1, Thomas Mann ya advirtió con sus palabras "sobre el rechazo a la razón, alertó del peligro que acechaba al arte y a la libertad, y denunció una nueva actitud que amenazaba principios esenciales como la libertad, la justicia, la educación, el optimismo y el progreso".

Frente a esto, dentro de los EE.UU. voces como las del gobernador de California, Gavin Newsom, o las de los alcaldes de Minneapolis, Jacob Frey, o el de New York, Zoran Mamdani, ("Un buen alcalde tiene su utilidad ¿Puede uno quedarse atrás si está en su mano hacer un bien?" escribió Víctor Hugo ya en 1862) nos dan esperanza de que los americanos (esos "alemanes", hoy, a los que aleccionaba Mann) den fin por ellos mismos -y con nuestra coalición- a los desmanes de un personaje que quiere dirigir, pero se dirige contra la Humanidad.

Y en el exterior, las instituciones, so pena de perder (más rápidamente de lo que nos imaginamos) su legitimidad propia, deben reaccionar frente a esta enajenación económico-imperialista contraria no solo a ellas sino también a la Ley y el Derecho. Si las instituciones internacionales guardan silencio ("No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos", dijo Martin Luther King) o no reaccionan de modo firme frente a la violación fragante, reiterada y reconocida del Derecho Internacional, serán ellas mismas las que favorezcan la destrucción de éste y, por ende, de ellas mismas, creadas para dar realidad a esas normas que han de servir de orden a una Humanidad más atacada que nunca.

Y no solo eso, como señala la profesora Adela Cortina, el Derecho también tiene una función comunicativa: su vulneración consentida (por las instituciones, por todos) comunica que se deja al mundo a la ley del más fuerte, y sirve para permitir abusos contra los más débiles, los más necesitados, los más indefensos, … El que es "bully", en palabras de Gabriel Rufián, el más "matón" (sea un Estado o sea una persona) logra así, ante el temor de todos a reprocharle, romper los más elementales principios, el de libertad y el de igualdad entre los seres humanos; logra así romper ese documento que nació, como tantas cosas, tras esa Segunda Guerra Mundial, como es Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948: la libertad, dijo Mann, "es un derecho natural y no una misericordia que puedan conceder o negar a voluntad aquellos que, por el momento, disponen del poder para oprimir a hombres indefensos".

Hoy hay quien arroja al suelo su dignidad -y la de otros- llevando, en ofrenda, nada menos que un Premio Nobel a alguien como Donald Trump. Thomas Mann, que fue premio nobel allá por 1929, y que era profundo admirador de otro presidente americano (de otra América), como fue Roosevelt, jamás haría tal.

Mann cogería el micrófono de nuevo y diría alto y claro ¡oíd, alemanes!... Cuidado con no encender la radio, cuidado con no oírlo en nuestra holgazana ignorancia: hoy todos podemos volver a ser, sino no lo somos ya, "nuevos alemanes" ante "otros nazis" y sus vasallos de la ultraderecha (algunos están aquí cerca) a los que es preciso, como deber moral, no dejar avanzar más, sino queremos perder nuestros valores y libertad y, sobre todo, nuestra humanidad.

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POST SCRIPTUM

Este interesante y perspicaz artículo que sentí el "deber" de republicar, será seguido por la traducción al inglés y al italiano, así como por mi análisis personal, que no quiere compararse con la excelencia e importancia del artículo en sí, y mucho menos con su gran autor. Solo será mi arrebato personal, a pesar de toda la amargura que impone la situación. También publicaré la introducción al libro mencionado en el artículo. Además de la foto del actual "personaje", mejor representado en la caricatura, que ni siquiera sería digno de ser comparado con el difunto "Führer" de muy triste memoria, pero a los tontos de bromistas que se creen "Napoleón", quería dejar la foto y el anuncio de mi querida ciudad de origen, Milán.

This interesting and insightful article that I felt the "duty" to republish, will be followed by the translation into English and Italian, as well as my personal analysis, which does not want to be compared to the excellence and importance of the article itself, much less to its great author. It will only be my personal outburst, for all the bitterness that the situation imposes. I will also publish the introduction to the book mentioned in the article. In addition to the photo of the current "character", better represented in the cartoon, who would not even be worthy of being compared to the deceased "Führer" of very sad memory, but to the fools of jokes who think they are "Napoleon" I wanted to leave the photo and advertisement of my beloved city of origin, Milan.

A questo interessante e acuto articolo che ho sentito il "dovere" di ripubblicare, faranno seguito la traduzione in Inglese e in Italiano, nonché una mia personale analisi, che non vuole in assoluto essere paragonata alla eccellenza ed importanza dell'articolo stesso né tanto meno, al suo grande autore. Sarà solo un mio sfogo personale, per tutta l'amarezza che la situazione impone. Inoltre pubblicherò la introduzione al libro di cui si parla nell'articolo. Oltre alla foto del "personaggio" attuale, meglio rappresentato nella vignetta di testata, che non sarebbe nemmeno degno di essere paragonato al defunto "Führer" di ben triste memoria, ma ai matti delle barzellette che si credono "Napoleone" ho voluto lasciare la foto e pubblicità della mia amata città di origine, Milano.

Gianfranco Maitilasso Grossi

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Gianfranco Maitilasso Grossi

Editor, curator, and founder of bilingual platforms focused on cultural critique, legacy-building, and editorial transparency. Based in Spain, active across Europe and Southeast Asia.Championing editorial clarity, mythic publishing, and queer voice.