Cómo Trump ha convertido el ICE en su milicia particular
Javier Biosca Azcoiti / Juan Gabriel García
“Es lo más parecido a las SA del régimen nazi”
Trump ha triplicado el presupuesto y duplicado el personal de ICE, en el punto de mira por el asesinato de una ciudadana estadounidense en Minneapolis

Hace meses que en Estados Unidos hombres encapuchados detienen a personas en medio de la calle y se las llevan dentro de furgones negros sin identificar. Van armados y actúan en grupo, ya sea a plena luz del día o de noche. También son responsables de almenos cinco muertes en lo que Donald Trump lleva sentado en el Despacho Oval.
La última es Renee Nicole Good que el miércoles por la tarde murió después de que un agente de inmigración (ICE, por sus siglas en inglés) le asestara tres tiros mortales en medio de la macrorredada desplegada en Minneapolis (Minnesota).
“Lo ocurrido en Minneapolis es lo más grave que he visto hasta ahora hacer a un Gobierno de ultraderecha en la ola actual de la epidemia ultra. No suelo hacer comparaciones con el nazismo, las intento evitar porque entiendo que cierran debates y muchas veces son exageradas, sin embargo, lo que se ha visto es lo más parecido a las SA del régimen nazi”, señala a elDiario.es Franco Delle Donne, autor del libro Epidemia ultra (Península). “Ejecutar violencia en pos de lograr el nacimiento de una nueva nación libre de la decadencia moral y estructurada en un régimen autoritario apoyado en un Estado policial es palingenesia ultranacionalista”.

Esta ciudad del Midwest es la última localidad demócrata que ha sufrido el hostigamiento de ICE ordenado por parte de la Administración Trump. Aunque en los últimos meses el foco se ha puesto sobre la Guardia Nacional, la cual el presidente también ha usado para militarizar e intimidar bastiones demócratas, el primer recurso del que el presidente ha echado mano es ICE, convertida en su milicia y tropa de asalto para imponer a la fuerza su ley en las calles y su agenda ultraconservadora. En este contexto, Trump ha multiplicado su financiación y reclutamiento, hasta convertirla en la mayor agencia de la ley de EEUU, por encima incluso del FBI y la DEA (agencia antidrogas).
La historia nos muestra que la creación de fuerzas de seguridad sin control que solo responden ante quienes están en el poder es a menudo un paso que dan los autoritarios para reprimir la disidencia y afianzarse en el poder Represent.US
“La Administración Trump carece de un plan real para hacer frente al deterioro del nivel de vida de la mayoría de los trabajadores estadounidenses, por lo que ha optado por utilizar la vigilancia fronteriza como arma política para demonizar a los migrantes y convertirlos en chivos expiatorios. Trump está utilizando además esta nueva capacidad de aplicación de la ley federal para aterrorizar a sus oponentes políticos e intensificar la violencia policial con el fin de intimidar a los activistas de base”, señala a elDiario.es Alex Vitale, autor del libro 'El final del control policial' (Capitán Swing)

A falta de la existencia de una policía federal con jurisdicción para controlar el orden público —eso recae en cuerpos estatales y locales en primera instancia—, el presidente estadounidense ha encontrado en el cuerpo de Inmigración su propio brazo armado al que puede movilizar donde quiera bajo el pretexto de su cruzada contra los migrantes.
El cuerpo federal no solo se ha convertido en emisario del terror para las personas sin papeles, sino que ya ha sembrado el miedo dentro de la comunidad latina. Desde el pasado mes de septiembre que ICE puede practicar detenciones basándose en el perfil racial —como el color de piel o el simple hecho de hablar español— por lo que muchos estadounidenses nacidos y criados en el país también están expuestos a ser presa de los agentes federales.
Una investigación de ProPublica encontró hasta 170 ciudadanos estadounidenses que habían sido apresados por ICE.
En paralelo, ICE también se ha convertido en una amenaza para toda persona con residencia legal en el país que exprese ideas contrarias al Gobierno. Dos precedentes: la detención de los estudiantes Mahmoud Khalil y Rumeysa Ozturk por su participación en las protestas propalestinas.
Estos arrestos —del de Ozturk hay un vídeo de cómo es rodeada por personas encapuchadas sin identificar y se la llevan— desataron un miedo generalizado en los campus universitarios.
Ahora, la muerte de Good añade un barniz aún más oscuro al imaginario que rodea ICE: la vecina, de 37 años, era blanca y estaba observando la actuación cuando los agentes se le acercaron. Este hecho acentúa aún más la manera en la que ICE está evolucionando bajo la Administración Trump en un cuerpo armado que va mucho más allá del supuesto control migratorio.
“Reclutamiento en tiempo de guerra”
Los planes de Trump para convertir ICE en su brazo armado personal también se reflejan en cómo está hipertrofiando el cuerpo. En el marco de la Big Beautifull Bill que se aprobó en julio, Trump logró triplicar el presupuesto federal destinado a ICE durante los siguientes cuatro años hasta los 37.500 millones anuales, lo que supera el presupuesto total de defensa de muchos países, entre ellos Israel, Italia, y España, entre otros. Se trata de una cantidad monstruosa de dinero que supera la suma del resto de agencias de la ley de EEUU, entre ellas el FBI y la DEA.
“El Departamento de Seguridad Nacional no tiene forma de contratar a suficientes personas cualificadas para dedicarse a la vigilancia fronteriza, por lo que va a contratar a personas con habilidades limitadas y muy ideologizados que darán lugar a más asesinatos policiales innecesarios e injustificados de civiles”, denuncia Vitale.
Con una campaña construida con la figura del Tío Sam que hace un siglo llamaba a combatir los nazis y ahora pide perseguir personas migrantes bajo el lema “América ha sido invadida por criminales y depredadores”, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) anunciaba a principios de enero haber superado los objetivos de contratación: 12.000 nuevos reclutas, un 120% más.
ICE va a contratar a personas con habilidades limitadas y muy ideologizados que darán lugar a más asesinatos policiales innecesarios e injustificados de civiles. Alex Vitale
Para incentivar las contrataciones, además de incorporar nuevos bonos a los salarios, el DHS eliminó en agosto los límites de edad para los agentes del ICE, que ahora solo necesitan ser mayores de 18 años, frente al anterior mínimo de 21 años y un máximo de 37 o 40, según la posición a la que aspiraban.
Pero la maquinaría no para aquí: según revelaba a finales del 2025 el Washington Post, ICE planea gastar 100 millones de dólares en el próximo año para pescar a sus nuevos agentes entre defensores del derecho a portar armas y perfiles similares mediante influencers y anuncios geolocalizados. Todo, según el documento al que accedía el Post, de acuerdo a una estrategia bautizada como “reclutamiento en tiempo de guerra”.

Una de las tácticas de marketing que pretende usar la agencia es el geofencing, una tecnología que permite a la agencia enviar anuncios a los teléfonos de personas en lugares específicos: ya sean campus universitarios o bases militares. Los memes que inundan la cuenta oficial del DHS en X —algo impensable en anteriores administraciones— también forman parte de esta estrategia de reclutamiento.
La organización activista Represent.Us denuncia, además, que los agentes de ICE escapan a casi cualquier norma de control policial. “No está sujeta a las normas locales o estatales que rigen los departamentos de policía; no hay leyes que prohíban explícitamente a los agentes llevar máscaras para ocultar su identidad; no hay leyes que exijan llevar cámaras corporales o proporcionar números de placa o identificación; a menudo los agentes visten de civil y conducen coches sin distintivos; y pueden arrestar legalmente a personas sin una orden judicial”, sostiene el grupo.
“El enorme aumento de la escala del ICE y su creciente falta de rendición de cuentas ante nadie más que el círculo íntimo de Donald Trump debería alarmar a todos los estadounidenses. La historia nos muestra que la creación de fuerzas de seguridad sin control que solo responden ante quienes están en el poder es a menudo un paso que dan los autoritarios para reprimir la disidencia y afianzarse en el poder”, denuncian.


Recent events in the United States, as reported in the integral, in Spanish language article above (from El Diario.es), confirm a trajectory that many had already foreseen. ICE, once a federal agency with a defined mandate, has now been transformed into a paramilitary instrument operating with unprecedented autonomy and brutality. In Minneapolis, the killing of 37‑year‑old Renee Nicole Good during a massive raid marked a turning point: masked agents, unmarked vans, warrantless arrests, and the systematic targeting of migrants, protesters, and even U.S. citizens.
Analysts describe this evolution as the closest contemporary parallel to the early SA: a force deployed not merely to enforce the law, but to impose a political project through intimidation and selective violence. Under Trump’s direction, ICE’s budget has been tripled, recruitment has been aggressively expanded, and oversight has been effectively dismantled. The agency now functions as a loyal arm of presidential power, capable of acting outside the constraints that bind local police forces.
The message is unmistakable: dissent will be punished, and the machinery of the state will be used to reshape the nation according to an authoritarian vision. The historical echo is impossible to ignore.
I was stunned and profoundly shaken by the events of Wednesday, January 7, 2026 — events that made even more evident what many had already intuited: the grave moral decline of the U.S. presidential regime under Trump, now manifesting in a form of unrestrained and dangerous omnipotence. Fully aware of his growing unpopularity, of the precarious position of the party that sustains him, of the limited time left before a likely and resounding Republican defeat in the Midterm elections, and of the looming threat of impeachment, he has chosen to accelerate a strategy aimed at altering — illegally and in practice — the constitutional and legitimate order of the United States. Encouraged by advisors who appear equally reckless and unscrupulous, he is attempting to consolidate power by reshaping national and international agreements to his advantage through actions that, though unlawful, could nonetheless grant him a de facto authoritarian status that would be difficult to dismantle.
The historical parallel with Hitler and Nazi Germany is stark and unmistakable. No further words or demonstrations are needed to perceive it.



Gianfranco Maitilasso Grossi


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