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Imagen de archivo de Donald Trump.

Trump en pos de la verdad

Nov 19, 2025

David Torres
Escritor

14/11/2025

La posverdad, uno de los grandes inventos semánticos de nuestro tiempo, no es más que la paparrucha de toda la vida aderezada con un componente afectivo que retuerce la realidad a gusto del poder.

Con Trump la posverdad ha alcanzado la categoría de "hecho alternativo", un concepto que le permite decir, por ejemplo, que a su primera investidura presidencial asistió más gente que a la de Obama, cuando los vídeos, las fotos y los testigos demuestran exactamente lo contrario.

Uno cree lo que le da la gana, ya sea la ineficacia de las vacunas, la patraña del calentamiento global, la planicie del globo terráqueo, la maldad esencial de los inmigrantes o la sinceridad de Trump, aunque su fe tenga muy poco que ver con la medicina, la investigación científica, los datos estadísticos o la simple aritmética. Lo de "dato mata relato" funciona más bien al revés, entre otras cosas porque la mentira suele ser más atractiva que la verdad y porque para creer no se necesitan estudios.

Como tantos otros artilugios inútiles, pareciera que la posverdad es una novedad made in USA, pero lo cierto es que los historiadores están acostumbrados a bregar con ficciones, mitos y sambenitos que a estas alturas resulta imposible arrancar del inconsciente colectivo: del incendio de Roma mientras Nerón tocaba la lira a las cifras de víctimas completamente falseadas del estalinismo o de la Inquisición Española.

Hablando de España, en tiempos recientes no hemos tenido otro remedio que tragarnos varias posverdades más gordas que una noria, como que el rey Juan Carlos trajo la democracia bajo el brazo o que el PSOE es un partido de izquierdas.
Poco antes de Trump, la posverdad marchó a tope durante el brexit gracias a una campaña de desinformación y propaganda llena de datos fraudulentos que los británicos aceptaron como ciertos.
En El hombre que mató a Liberty Valance, una de las obras maestras de John Ford, un periodista tiraba al fuego el testimonio del senador Ransom Stoddard con una frase terrible y bellísima: "Cuando la leyenda se convierte en verdad, se imprime la leyenda".

Aunque no tiene nada que ver con el senador Ransom Stoddard (menos aun con James Stewart), Trump ha construido su exitosa carrera política a base de leyendas, hipérboles y mixtificaciones de todo tipo, arremetiendo como un elefante en celo contra cualquiera que las pusiera en duda, en especial periodistas.

Los periodistas están ahí para hacerle un monumento a Trump, no para escarbar en el pedestal del monumento y descubrir la mierda que hay debajo. Tirar para adelante es su consigna vital y golpear con lo primero que tenga a mano, como aquel matón de mi barrio que en mitad de una pelea nunca miraba si llevaba encima un ladrillo o una navaja.

Intentar discutir con gente así es como arar en el mar, porque una discusión para ellos sólo es una excusa para el berrinche, la amenaza, la querella o las hostias. Ya no se trata de alcanzar la verdad mediante el examen de los distintos puntos de vista -como pretenden los científicos, los filósofos, incluso los políticos veraces y los poetas ingenuos-, sino de estrujar los distintos puntos de vista en el eslogan de un ramillete y metérselo por el culo al disidente. Aquello de "venceréis, pero no convenceréis", que le dijo Unamuno a Millán-Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, a Trump le hubiera hecho reír a carcajadas. Con vencer le basta y le sobra.

Por eso no deja de ser cómico (con esa comicidad escalofriante propia de los déspotas engorilados), que Trump haya amenazado a la BBC con una demanda millonaria ante la evidencia de que la cadena hizo un montaje adulterado del discurso que pronunció poco antes del vergonzoso asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.
Trump puede descoyuntar la verdad a su capricho, pero no va a tolerar que sus críticos hagan lo mismo.

La posverdad va de arriba abajo, pero no viceversa, con lo que los periodistas quedan con las manos atadas: ya sólo pueden aplaudir, como los cortesanos de Calígula.

Es toda una lección de estos tiempos que corren y en España estamos viendo una maqueta a escala con el escandaloso juicio al fiscal general del Estado: una mentira publicada en unos cuantos periódicos desemboca en un proceso en el Tribunal Supremo.

Cuando la leyenda se convierte en verdad, se imprime la leyenda.

David Torres
Escritor

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Gianfranco Maitilasso Grossi

Editor, curator, and founder of bilingual platforms focused on cultural critique, legacy-building, and editorial transparency. Based in Spain, active across Europe and Southeast Asia.Championing editorial clarity, mythic publishing, and queer voice.