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Los editoriales de EL PAÍS

Editorials El Pais Oct 8, 2025

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Trump contra las urbes demócratas

El presidente estadounidense alimenta el caos en su intento por controlar con tropas las ciudades gobernadas por sus rivales

Primero fueron Los Ángeles y Washington. Ahora, el presidente de Estados Unidos se abre a invocar la Ley de Insurrección, una norma de hace más de dos siglos, para enviar, contra el criterio de las autoridades locales y estatales, a la Guardia Nacional a Chicago y a Portland si los tribunales continúan declarando ilegales sus órdenes de desplegar las tropas.

‌Todos esos lugares comparten su condición de ciudades demócratas en Estados Unidos, y, por tanto, de integrantes de la lista de “enemigos” con la que Donald Trump volvió por segunda vez a la Casa Blanca. Para justificar la decisión sin precedentes de desplegar soldados contra ciudadanos estadounidenses en un país fundado sobre el ideal de la rebelión contra la tiranía –una decisión con la que había amenazado repetidamente en campaña–, el republicano esgrime una doble motivación: combatir la criminalidad —que, si bien es elevada en esos núcleos urbanos, está en retroceso según las estadísticas— y apoyar a los agentes federales de inmigración en sus agresivos esfuerzos por deportar a personas en situación irregular a base de aterrorizar a las comunidades hispanas y de detener, también, a ciudadanos de pleno derecho.

‌Trump —que ha llegado a proponer utilizar esas ciudades como “campos de entrenamiento” para las Fuerzas Armadas— miente al decir que Portland es una “zona devastada por la guerra” y que “lleva años en llamas”. A diario, vídeos compartidos por sus vecinos en las redes sociales contradicen esa idea, por más que cada noche se sucedan las manifestaciones, a veces violentas, frente al cuartel local del Servicio de Aduanas e Inmigración. En cuanto a Chicago, el fin de semana pasado quedó demostrado que la principal violencia proviene de los agentes federales y no de quienes protestan contra ellos.

‌Karin Immergut, una jueza de Oregón nombrada por Trump, declaró ilegal el sábado el despliegue de tropas, porque determinó que el presidente está actuando de un modo “ajeno a los hechos”. Su Administración ha contestado con una treta para sortear la ley: solicitar que la vecina California envíe miembros de su Guardia Nacional. Este martes, unos 400 soldados de Texas, un Estado republicano, se dirigían a Illinois, cuyo gobernador tildó de “absoluta tontería” la descripción de este de Chicago como “la peor y más peligrosa ciudad del mundo”. La decisión amenaza con ahondar aún más en la polarización que consume a la sociedad estadounidense.

‌Ese tira y afloja es otra prueba del afán del mandatario republicano por ampliar el poder ejecutivo y de la preocupante deriva autoritaria por la que está conduciendo a Estados Unidos en su segunda presidencia. También forma parte de sus bien conocidas tácticas de distracción de otros asuntos —como la negativa a publicar los archivos del millonario pederasta Jeffrey Epstein, el cierre del Gobierno, que se adentra en su segunda semana, o una economía que da signos de debilitamiento— a base de crear problemas inexistentes.

‌En su plan también se adivina la intención de dar una lección a ciudades a las que se quedó con las ganas de enviar las tropas durante los disturbios que siguieron al asesinato de George Floyd. Especialmente, a Portland, que Trump considera tomada por Antifa, más una idea que un grupo organizado, al que recientemente designó como “organización terrorista”. Lo más preocupante es, con todo, ver al presidente de Estados Unidos atizar el caos con tal de avanzar en sus objetivos políticos.

La importancia del buen profesor

La insatisfacción de los docentes con la formación que reciben es un motivo de preocupación para toda la sociedad

Los profesores españoles dan un suspenso a su formación. Solo el 68% de los docentes de secundaria consideran que fue sólida, lo que los sitúa como los más insatisfechos del entorno desarrollado, 16 puntos por debajo de la media, en el macroestudio TALIS de la OCDE, la mayor radiografía internacional sobre el profesorado. Las más de 17.000 exhaustivas encuestas realizadas solo en España revelan también un buen dato: los docentes españoles están en el quinto lugar de los más satisfechos con su oficio (el 95%).

‌Que un colectivo profesional sobre el que descansa el sistema educativo del país exprese como mayor queja su deficiente instrucción universitaria apremia a los responsables a poner fin de una vez a las deficiencias de esas titulaciones. Los ministerios de Educación y Universidades y la conferencia de rectores (CRUE) tienen que ponerse a la tarea de reformar el sistema.

‌La formación inicial del profesorado en España —Magisterio para los de primaria y el máster que habilita para enseñar en secundaria— lleva demasiado tiempo siendo una asignatura pendiente de los sucesivos gobiernos. El último intento fue la propuesta de 2022, que contemplaba pruebas de acceso al grado de Magisterio para descartar a quienes no demostraran conocimientos básicos en lengua y matemáticas. Se buscaba así orientar mejor la carrera y dotar de herramientas pedagógicas modernas a los graduados. La CRUE, temerosa de perder clientela, rechazó el plan. Esta misma semana el Gobierno ha reaccionado al informe de la OCDE anunciando medidas al respecto en las próximas semanas.

‌Es desolador que cuanto afecta a la educación en España arrastre años de desacuerdos provocados por intereses ajenos a las aulas. La docencia es una de las profesiones más exigentes y necesarias en una sociedad. En un mundo en pleno cambio de paradigmas, los profesores representan un anclaje de conocimientos y valores para unos niños y adolescentes expuestos como nunca a graves incertidumbres.

‌Muchas veces sin los instrumentos adecuados, los titulados trabajan cada día con las nuevas tecnologías y la IA, la inmigración desde otras culturas y lenguas, el poder desestabilizador de las redes sociales o la educación especial para cada vez más niños de entornos desfavorecidos o que sufren discapacidad. Además, la sociedad descarga sobre los profesores la articulación primera de la igualdad y la meritocracia real, garantías de un Estado de derecho. Y cada mañana el docente se enfrenta al reto mayúsculo de preparar a una generación para un futuro que ni los más expertos son capaces de vislumbrar.

‌La sociedad y sus políticos deben escuchar a los profesores con atención. Hay pocas personas más influyentes en la vida de alguien que un buen maestro.

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Gianfranco Maitilasso Grossi

Editor, curator, and founder of bilingual platforms focused on cultural critique, legacy-building, and editorial transparency. Based in Spain, active across Europe and Southeast Asia.Championing editorial clarity, mythic publishing, and queer voice.