Irohazaka Road en otoño, Nikko, Tochigi, Japón
Si crees que el alfabeto es sencillo, la carretera japonesa Irohazaka, en Nikkō, te hará cambiar de opinión. Su nombre proviene del antiguo silabario japonés Iroha, y en el pasado contaba con 48 curvas cerradas, una por cada carácter del alfabeto. Hoy son dos carreteras de un solo sentido: una para subir y otra para bajar, pero ambas ofrecen un recorrido tan sinuoso como fascinante, donde cada curva parece escribir una nueva historia.
El otoño es la mejor época para visitarla. Entre finales de octubre y principios de noviembre, las laderas se tiñen de rojos arce, dorados ginkgo y amarillos alerce, creando un espectáculo natural que rivaliza con los paisajes más famosos de Europa. La ruta conduce además a algunos de los grandes atractivos de Nikkō. Al ascender, se llega a la meseta de Akechidaira, desde donde un teleférico permite contemplar el lago Chūzenji y las imponentes cataratas Kegon.
Hace siglos, los peregrinos recorrían este mismo camino para alcanzar templos y santuarios sagrados. Hoy, viajeros de todo el mundo siguen sus pasos, cámara en mano, para disfrutar de uno de los otoños más bellos de Japón.







